A WALL UNITING ART AND COMMUNITY
CASA
WABI
-
Story about Casa Wabi, the art residency designed by Tadao Ando in Oaxaca, Mexico.
-
Photographed by Fernando Farfán
fernandofarfan.com
Casa Wabi
casawabi.org -
-
Casa Wabi Openhouse
CASA
WABI
On a Mexican beach, the imposing presence of the wall clearly marks the North/South, beach/mountain, public/private, and gallery/housing axes. The Japanese architect had never designed anything like it before, but Bosco Sodi insisted and his words pushed Ando’s skepticism aside. For Bosco the project had started long before, during the first of several art stays in Japan, when he became fascinated by some of the country’s museums designed by Tadao Ando.
Bosco explained his idea: he wanted to build a place to accommodate and shelter artists who would, in turn, become directly involved in the community. He aimed to get rid of the superficial outer layer of art, and commit socially to an exercise that he believes every artist must successfully undergo in order to succeed. Puerto Escondido, a small fishing village by the sea on the Oaxaca coast, was the perfect setting to develop this project that was both personal and professional. Bosco’s family had known the location for decades as they already had a getaway home in the region, a place they returned to for the simplicity of its quiet landscape, far from the turmoil of a big city.
In 2014, Casa Wabi opened its doors as an art foundation whose main focus is community education. The historian and sociologist gerardo guevara had conducted anthropological research to measure the impact of such a message, and he determined a radius of villages within 10 minutes from Casa Wabi that could benefit from this vision. When artist residents first arrive, they are not asked to develop their own work but to collaborate with the local people. The foundation’s team aims to mix young with established authors to promote dialogue, projects and multiple collaborations. There are no open calls, grants, or contests. Casa Wabi invites those that can contribute something both to other artists and to the local people. A condition which extends also to chefs, musicians, dancers or writers.
“The foundation is now a small, and yet large, family that works on both sides of the wall - a wall which does not serve to separate, but to unite art and communities.”
On one side of the wall, surrounded by cactus and sprayed with the breeze from the sea, the foundation can host up to six artists at a time. The space consists of one bungalow per resident, two large working halls, and an extra six open studios which invite fluent exchange between artists. The light and shadows play next to the sculpture garden, an exercise in aesthetic humbleness. The inspiring beauty of Casa Wabi comes from the combination of Ando’s trademark use of concrete, with roofs made from dry palm leaves - traditional building elements of the region. The direct, simple and unpretentious style of Tadao Ando is precisely what captivated Bosco, and proves that great works can be built with simple materials.
Casa Wabi is accessed through the main palapa which contains the common rooms, kitchen, lounge, a TV room and a play room - located alongside the premises that Bosco and his family occupy on their visits to the foundation. The gallery on the other side of the wall hosts an annual exhibition of the most important contemporary artists.
Through the gallery, Casa Wabi remains constantly in touch with admired creators from all over the world, whose imaginaries show proudly to the local community. This is a joint journey with the foundation’s film program, which takes cinema to the nearby villages. Casa Wabi’s gaze also cuts across Mexican culture. Its recent clay program aims to preserve tradition among new generations and to recover the use of domestic clay tools. The pottery oven will soon take up its own pavilion, planned by the Portuguese architect Alvaro Silva.
Bosco Sodi’s will to educate villagers through art is now a reality at Casa Wabi. In little over a year, the foundation has worked hard with some sixty artists from all over the world. Artist residents and locals work together in an endless and unpredictable dialogue, providing creativity in its purest form. The areas surrounding Puerto Escondido see the house as a place to grow new ideas. The young approach the foundation to propose new workshops and projects, and the footprint left by Casa Wabi on the communities has also marked the lives of the managing team. Divided between Puerto Escondido and Mexico DF, the foundation is a haven that hosts different approaches and proposals in the art world, well beyond sales and exhibitions. The foundation is now a small, and yet large, family that works on both sides of the wall - a wall which does not serve to separate, but to unite art and communities.
UN MURO QUE DIVIDE ARTE Y COMUNIDAD
CASA
WABI
-
Artículo Casa Wabi, la residencia artística diseñada por Tadao Ando en Oaxaca, México.
-
Fotografiado por Fernando Farfán
fernandofarfan.com
Casa Wabi
casawabi.org -
-
Casa Wabi Openhouse
CASA
WABI
Una línea dibujada en una hoja de papel convirtió Casa Wabi en una realidad. Tadao Ando comenzó a esbozar la fundación a partir del muro de 350 metros que lo vertebra.
Aunque el arquitecto japonés nunca antes había diseñado nada igual, la insistencia de Bosco Sodi hizo que dejara su escepticismo a un lado. Sobre una playa mexicana, la imponente presencia del muro marca una fuerte división entre norte y sur, playa y montaña, lo privado y lo público, la galería y la residencia.
Para Bosco, en cambio, el proyecto había comenzado mucho antes, mientras realizaba la primera de varias residencias de arte en Japón. Fue entonces cuando quedó fascinado por la impronta que Tadao Ando había dotado a varios museos del país. Bosco le explicó su idea. Quería construir un lugar en el que dar cabida y cobijo a artistas que intervinieran de manera directa en la comunidad. De algún modo, buscaba despojar al arte de su faceta más superficial y adquirir un compromiso social en un ejercicio que, en su opinión, todo artista de éxito debe realizar.
Puerto Escondido, un pequeño pueblo costero de pescadores situado en la costa de Oaxaca, era el escenario perfecto para desarrollar un proyecto no solo profesional sino personal. La familia de Bosco lo conocía muy bien ya que tenía en dicha región un refugio al que, desde hacía décadas, acudía al reencuentro con la sencillez de un paisaje en calma, lejos de la agitación de la gran ciudad.
“La fundación es ahora una pequeña gran familia que desde un pueblo de pescadores trabaja a ambos lados de un muro que en el lugar de separar, une arte y comunidad.”
En 2014, Casa Wabi abrió sus puertas como una fundación de arte cuyo eje principal es la educación de la comunidad. Gerardo Guevara, historiador y sociólogo, realizó un estudio antropológico para medir el área de impacto al que dirigir su mensaje y determinó un radio de acción a poblados a diez minutos de distancia. Cuando los residentes llegan, no se les pide obra propia sino que desarrollen un plan con los habitantes de la zona.
A un lado del muro, rodeado de cactus y salpicado por la brisa del mar, la fundación cuenta con capacidad para recibir a seis artistas al mismo tiempo. No existen convocatorias abiertas ni concursos o becas, sino que es Casa Wabi quien invita a aquellos creadores que puedan aportar algo tanto a otros artistas como a la población local. Una condición que no limita sino que amplía el espectro entre chefs, músicos, bailarines o escritores. Además, el equipo de la fundación combina la estancia de jóvenes autores con nombres consolidados. Una mezcla que enriquece el resultado y del que confluyen diálogos, proyectos e innumerables colaboraciones. El espacio se compone de un bungalow para cada residente, dos estudios de trabajo de grandes dimensiones y otros seis estudios abiertos que invitan al intercambio fluido entre artistas.
Hecha de hormigón y palmas secas, la inspiradora belleza de Casa Wabi fue edificada con los elementos tradicionales de la zona. El estilo directo, simple y sin pretensiones de Tadao Ando, que conquistó a Bosco, demuestra que las grandes obras se construyen con los materiales más sencillos. El juego con la luz y las sombras es, junto al jardín escultórico, un ejercicio de humildad estética.
La entrada a Casa Wabi se realiza a través en la palapa principal. En ella, las áreas comunes, la cocina, el salón, una sala de televisión y una de juegos, comparten techo junto a las estancias que Bosco y su familia habitan cuando visitan la fundación.
La galería, al otro lado del muro, recibe una exposición al año de los artistas contemporáneos más importantes. A través de ella, la casa mantiene contacto con creadores de todo el mundo a los que admira y cuyo imaginario muestra orgullosa a los habitantes de la zona. Un viaje al que también se une el programa de cine, cuyo ciclo itinerante lleva el séptimo arte a las localidades aledañas. La mirada de Casa Wabi también transita la cultura mexicana. Con el recién estrenado programa dedicado a las técnicas de barro, se busca preservar la tradición entre las nuevas generaciones y retomar el uso de piezas de cerámica y otros utensilios domésticos. El horno ocupará un espacio propio en un pabellón cuyo diseño está realizando el arquitecto portugués Alvaro Sisa.
El anhelo de Bosco Sodi por educar al pueblo a través del arte es una realidad en Casa Wabi. En poco más de un año, la fundación ha llevado a cabo una inmensa labor de la mano de unos sesenta artistas de todo el mundo. Residentes y habitantes trabajan juntos en un diálogo inagotable e impredecible, dando a la creatividad un significado absoluto. Los alrededores de Puerto Escondido contemplan la casa como un lugar en el que desarrollar nuevas ideas. Los jóvenes acuden a la fundación para proponer nuevos talleres y proyectos.
La huella que la fundación ha dejado en las comunidades, también ha marcado la vida del equipo de Casa Wabi. Repartido entre Puerto Escondido y México DF, la fundación es un oasis en el que han aprendido que hay cabida para otros enfoques y propósitos en el mundo del arte mas allá de la venta o la exposición. La fundación es ahora una pequeña gran familia que desde un pueblo de pescadores trabaja a ambos lados de un muro que en el lugar de separar, une arte y comunidad.