EDITOR'S LETTER OF ISSUE No.25
OBSESIONES: EL RETRATO DEL ALMA
La obsesión es un arma de doble filo. Una línea sobre la que hay personas que, como funambulistas, eligen caminar: calibrando el peso, dando tres pasos adelante y uno atrás, con los brazos bien extendidos ante lo que está por llegar.
OBSESIONES: RETRATO DEL ALMA
Existe un momento difícil de precisar en el que aquello que amamos puede empezar a consumirnos. No siempre es un mal síntoma. A veces es simplemente la señal de que algo nos importa de verdad. Así se vive hoy. Estamos en la era de los -holics (workaholic, shopaholic y los que están por llegar). Una forma de ser individual que la tecnología ha convertido en comunal. Las redes no han inventado el fenómeno, pero sí lo han agudizado con un algoritmo que, en cuanto detecta nuestra atracción hacia algo, lo devuelve multiplicado, amplificado, hiperbólico; hasta que resulta difícil distinguir dónde termina el interés genuino y dónde empieza el vértigo, como si la obsesión fuera el único baremo válido del deseo.
“Resulta difícil distinguir dónde termina el interés genuino y dónde empieza el vértigo, como si la obsesión fuera el único baremo válido del deseo.”
En Openhouse nos obsesionan las personas que se obsesionan, y en este número mostramos algunas de ellas. Como Luis Sendino, cuya devoción por el diseño del Japón de la posguerra le ha llevado a construir una colección que habla por sí misma en las páginas de la editorial. Más ecléctica, íntima, personal y contemporánea es la que Andrés Carretero ha ido atesorando sin más pretensión que el goce de verse rodeado de aquello que le estremece. Una colección que, como él mismo, va cambiando y evolucionando con el paso del tiempo.Hay a quienes no es el objeto sino el proceso lo que les engancha. Que viven en esa eterna diatriba entre respetar el paso del tiempo o intervenir en él. Casa Albero vive en ese limbo: una joya arquitectónica que muestra sus grietas sin pudor, que convive con la naturaleza y se confunde con ella. Que parte de un pasado pero lleva las cicatrices de lo vivido a flor de piel.
“La obsesión es un arma de doble filo. Una línea sobre la que hay personas que, como funambulistas, eligen caminar: calibrando el peso, dando tres pasos adelante y uno atrás, con los brazos bien extendidos ante lo que está por llegar”
La obsesión es un arma de doble filo. Una línea sobre la que hay personas que, como funambulistas, eligen caminar: calibrando el peso, dando tres pasos adelante y uno atrás, con los brazos bien extendidos ante lo que está por llegar. Así me gusta ver a nuestros protagonistas. Desde la familia Enrich hasta Studio KO —cuya forma de entender la arquitectura como intervención sinuosa en el territorio les ha llevado a crear, junto a Nathalie Guihaumé, su propia galería, L’Oiel de KO— todos ellos han hecho de su pasión una forma de habitar el mundo.
Todas estas obsesiones convierten la vida en un lugar más interesante. Aunque, a veces, también hagan sufrir a quienes las sostienen. Como una herida a la que uno regresa de vez en cuando para comprobar que sigue ahí, que late, que aún tiene algo que decir. Quizá eso sea lo más honesto que puede hacer un ser humano: no fingir que ya no duele.
REFUGIOS DE VERANO
FINCA LA CASETA
FINCA LA CASETA
Hay enclaves que, sin anunciarse, se convierten en refugio. En el Baix Ebre, al sur de Cataluña, entre el rumor de olivos centenarios y la presencia discreta del mar, Borja Mas Rodríguez ha encontrado esa mezcla exacta de arraigo y revelación. Un lugar que habla en voz baja pero clara y que habita de forma íntima: lejos del ruido, cerca del tiempo.
“NOS GUSTABA LA IDEA DE TENER UN ‘TROS’ DONDE DESCONECTAR Y, AL MISMO TIEMPO, CONECTAR”
En ocasiones, el arraigo llega de forma sutil, como una herencia emocional. Rosa, pareja del arquitecto Borja Mas Rodríguez, pasó los veranos de su infancia en L’Ametlla de Mar, un pueblo de pescadores donde su familia ha vivido durante décadas. Su vivencia les hizo conectar con el entorno: “Nos gustaba la idea de tener un ‘tros’ —como se llaman este tipo de fincas por aquí— donde desconectar y, al mismo tiempo, conectar.” Sostenible y abierta al paisaje, la casa es un espacio de encuentro y creación. “Es exactamente lo que buscábamos: un rincón para disfrutar los fines de semana y compartir con gente afín.” Conscientes del valor intrínseco del territorio, su compromiso es cuidar de su legado: “La clave está en que quienes venimos, lo hagamos entendiendo el contexto.” Porque habitar también es un acto de respeto.
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Summer 2025
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MATERIA VIVA
BERTA-BLANCA T. IVANOW
BERTA-BLANCA T. IVANOW
En su atelier en una antigua área industrial de Teià, Barcelona, con vistas al Mediterráneo, Berta-Blanca T. Ivanow desarrolla una práctica escultórica ligada a la materia, el proceso y el ensayo. Cerámica, performance y vida se entrelazan en una obra que se activa en el encuentro con el otro, convirtiendo cada pieza en experiencia sensorial y diálogo creativo.
“Estar cerca del mar me da mucha paz”, dice Berta-Blanca T. Ivanow (Barcelona, 1992) mirando a través de las ventanas de su taller. “Más que en mi obra, inf luye en mi ser”. Movida por la búsqueda de un entorno conectado con la naturaleza, la artista encontró este espacio situado en Teià, una pequeña población de la comarca del Maresme a media hora de Barcelona, en 2021. Lo que antes era un taller de metal de una zona industrial hoy está habitado por una suerte de retrospectiva de su carrera junto a un archivo de documentos y piezas en proceso. “Aquí tengo la maqueta de lo que voy a llevar a la Ceramic Brussels”, la feria que se celebra del 21 al 25 de enero de 2026 en Bélgica, a la que acude de la mano de Tramuntana Gallery de Vulpellac, Girona, en un dúo show junto a Claudi Casanovas; fórmula que repetirá en mayo en la Saint Anne Gallery de París con la escultora Rosa Nguyen, mientras espera confirmación de fechas de una muestra colectiva de mujeres artistas en Vasto Gallery de Barcelona.
EXPERIMENTACIÓN .:.:.:. Su nombre se vincula a la cerámica, una disciplina que aprendió en La Bisbal d’Empordà, Girona, pero Berta-Blanca es una artista multidisciplinar. Estudió arte y diseño en Central Saint Martins de Londres, donde se especializó en diseño de moda, y continuó en The Art Students League, Nueva York: “Por allí habían pasado Ai Weiwei, Rothko...” Su regreso fue el final de un periplde ocho años dando forma a una mirada propia que hoy centra en dotar de vida a cada obra a través de la performance. Atraída por la búsqueda de respuestas a reflexiones vitales, muchas de sus piezas no se consideran acabadas hasta que se experimentan. Como sucede con los artefactos sonoros de cerámica en los que está trabajando. “Cada uno tiene una sonoridad. La idea es integrarlos en esculturas mayores. Incluso llevarlos al mar. Meterme en él y hacerlos sonar”.
“SIEMPRE DEJO ESPACIO A LA SORPRESA”
“LA LLAMA, LA CENIZA Y EL LUGAR DE CADA PIEZA EN EL HORNO TAMBIÉN INTRODUCEN MISTERIO”
EFECTO SORPRESA.:.:.:. En el taller, Berta-Blanca dispone de dos hornos para el trabajo cotidiano. “Para las piezas de 150 kilos subalquilo uno enorme que es como una habitación”. Sus últimos hallazgos están ligados a la imprevisibilidad del horno de leña. “Domino el proceso, pero siempre dejo espacio a la sorpresa: la llama, la ceniza que sobrevuela y el lugar que ocupa cada pieza en el horno también introducen un misterio que forma parte de lo que más me atrae”. La artista está viviendo un momento de expansión y las costuras de su actual espacio empiezan a hacerle “roces”.
“Estoy buscando una casa-taller en el Maresme. Me gustaría tener un área para la pieza cruda y poder construir mi horno de leña”. En este laboratorio lleno de maquetas, pruebas y elementos que extrae de la naturaleza, Berta-Blanca transforma cada objeto en un ente vivo. Un diálogo entre la artista, la materia y quien se acerca a ella.
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Enero 2026
UN TALLER PARA EL ENCUENTRO, EL ARTE Y EL DISEÑO
CHIDY WAYNE & ISERN SERRA
CHIDY WAYNE E ISERN SERRA
Situado en un precioso pasaje adoquinado del barrio de Poblenou, en Barcelona, en el taller-estudio de Chidy Wayne apenas hay ruido. El sol se cuela en la zona central de esta nave industrial formando sombras y refugios climáticos en áreas funcionales como la oficina del altillo, la cocina bajo la escalera y el baño. Obra de Isern Serra, el diseñador da un paso más en su trazo como autor de lugares de trabajo donde sentirse como en casa —o mejor—. El resultado es un taller tan versátil, poco convencional y lleno de encanto como el arte que nace entre sus paredes.
Quizá fuera cosa del destino o quizá del azar. Pero apenas unos minutos antes de la sesión de fotos donde conoció a Isern, Chidy encontró la nave industrial de Poblenou en la que hoy tiene su taller-estudio. “Estábamos esperando a Isern y de repente me llega una notificación de Idealista”. El resto, como se suele decir, es historia: una historia con toques de diseño, arte y arquitectura cuya línea argumental habla de amistad, admiración y respeto. Así lo cuenta Chidy: “Lo primero que me dijo Isern es que se trataba de un proyecto de los dos. Yo tenía claro que quería una zona de almacenaje, porque sabía que necesitaba orden para poder crear y, además, recibir a gente. ¿Ves estos cajones ocultos?”, señala la pared a mi izquierda. “Me permiten poder liberarlo todo, guardarlo y crear un espacio limpio en pocos minutos. Y cuando hace falta, ponerse el mono de trabajo y que esto sea zona de guerra”. Isern se sincera: “Es un taller para un artista que admiro y con el que ha habido una conexión muy fuerte. Ese fue el reto: ¿hasta qué punto hacer que se note la marca del diseño o que sea algo que lo acompañe? Creo que hemos encontrado el equilibrio justo, donde la obra y el artista se lucen”.
La imponente mesa de trabajo donde nos hallamos sentados da buena cuenta de ese balance entre pasado y futuro, entre diseño y oficio. “Estaba en el otro estudio pero era un banco de trabajo que he convertido en escritorio. Me gustaba la idea simbólica de traerme algo de allí”, dice Chidy. “No quería que fuese todo nuevo, porque entonces rechinaba con el espíritu del taller de un artista que ensucia”. Y es una pieza importante para mí.
“Me gustaba mucho que esto fuera parte del briefing. Que fuese un lugar de creación para él y su obra, pero que también pasasen muchas cosas.”
Después de varios años involucrado en exposiciones y trabajos fuera de Barcelona, este nuevo taller le ha dado a Chidy la oportunidad de profundizar en su obra y conectar de otra manera. “Uno de los propósitos era poder compartir mi espacio de otra forma. Es algo de lo que estoy muy orgulloso. Hacer cenas en una mesa central y reunir entre dieciséis y veinte personas es una manera muy distinta de compartir el arte. Si lo comparo con una exposición, donde estoy un minuto o dos con cada persona, veo que aquí me explayo. Permito que me pregunten todo lo que quieran y dejo que investiguen, que vayan cotilleando. Eso es muy chulo”. A Isern le entusiasmaba la idea: “Me gustaba mucho que esto fuera parte del briefing. Que fuese un lugar de creación para él y su obra, pero que también pasasen muchas cosas”.
Este espacio ha transformado no solo la relación de Chidy con el público sino también con su propia práctica artística. “Me ha permitido hacer formatos más grandes y he podido empezar a trabajar el acero y usar la radial porque aquí no molesto a nadie. Es como un lienzo en blanco —nunca mejor dicho— pero mucho más grande. Si algo se me ocurre, puedo hacerlo. Y no solo tengo este espacio: también está el patio”, resume.
Para el artista, este taller es como un nuevo compañero de trabajo donde se siente más enfocado. La luz es la música que ambos bailan y solo ella señala el paso de las horas: “Antes tenía vistas a la calle. Ahora no, pero tengo mucha luz. Es como un espacio atemporal, un poco suspendido, en el que eres consciente del tiempo pero no escuchas sirenas. Estás en paz”.
Peter Zumthor dijo que la atmósfera de un espacio lo es todo. En el caso de este taller-estudio, esa energía nace de la complicidad de quien lo diseña y quien lo habita.
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issue Nº24
Octubre 2025
OPENHOUSE ISSUE No. 24 CARTA DEL EDITOR
THE MATTER OF THE ETERNAL
THE MATTER OF THE ETERNAL
We are all matter. And matter, by its very nature, does not disappear; it transforms and reshapes itself, taking on new forms that are sometimes barely perceptible. This is something we sense as we walk along a cobbled street in Rome. The stones beneath our feet harbour more than just the present; they carry centuries of human history, dust and desire, wars and art. Each stone has a hidden story, yet we tread on them casually, almost without thinking. Perhaps it is because deep down, we know that they were there before us, and they will remain long after we are gone.
In English, "matter" can refer to both physical substance as well as to what is truly significant. At the heart of this dual meaning lies something essential: matter not only shapes us as individuals, but also as a community. For centuries we have tried to transcend matter by searching for the invisible through religion, through astrology and thought. Yet it is within matter itself that our truest expression resides: in art, which brings us face to face with emotions such as love, fear, longing and pain. All that we cannot hold in our hands captures us from within.
The echo of the past feels louder today: Think of the Greece as seen by Carla Cascales; Luca Guadagnino's intimate take on Rome; the whispering marbles of Villa Medici; and the cornices of Villa Caffetto. These are the signs of a time when it is no longer the “new” that seduces us, but the certainty of what is well made. A quiet, steady return to the essential, to techniques that never needed to be labelled as sustainable because they stemmed from the hands of craftspeople, and have endured.
In this issue, we pay tribute to that eternal matter. Chidy Wayne welcomes us to his new workspace in Barcelona, where he has devoted himself to developing an artistic language, one that has brought him worldwide recognition, including at Frieze London (taking place as I write these words). Carla Cascales Alimbau takes us back to the beginning, to Hydra, with pieces that are rooted in dialogue. Yoyo Balagué shows us how she creates a corporeal, almost performative art at her atelier on the Costa Brava. And Oliver Gustav opens the doors to his intimate universe, sharing the matter that makes him come alive and with which he shapes his very own world.
Ultimately, that is what we are: matter that feels, remembers, changes and creates. This issue is an invitation to explore that shared matter – our common ground, and our way forward.
RASTROS FUGACES DE HUMO SOBRE EL CIELO DE TOKIO
YOSIGO
YOSIGO
Quienes siguen a Yosigo desde hace tiempo en redes sociales saben bien que el humor es el prisma a través del cual interpreta el mundo para traducirlo a su manera. Por eso, para Jose Javier Serrano (Donostia, 1981), todo lo que está ocurriendo en su vida no deja de ser una fuente de asombro y mucha diversión. Eso que le está ocurriendo no es otra cosa que haberse convertido en un artista más que reconocido en Asia, firmando autógrafos y cerrando un contrato de varios años con una empresa coreana que parece creer en su trabajo casi más que él mismo.
Mientras hablamos, a finales de 2024, sus fotografías se exponen en Shibuya y ya tiene fecha para una muestra en primavera. Desde Tokio, donde se ha instalado por un tiempo, me cuenta que este éxito lo ha tomado por sorpresa. Aunque al terminar nuestra conversación no puedo evitar pensar que, si el destino existe, tenía esto reservado para él. Cada paso que ha dado, ya sea de esos que lo llenan de orgullo o de los que prefiere no recordar, parece haberlo encaminado de forma inescrutable hacia este momento.
El brillo en sus ojos mientras confiesa haberse quedado prendado de Japón es perceptible incluso a través de la pantalla. Desde mi escritorio en Barcelona, resulta difícil no contagiarme de su entusiasmo. «Estuve hace muy poco por primera vez y estoy enamorado, así que esta vez voy a aguantar todo lo que pueda», resume.
La cámara de Yosigo nunca deja de disparar, tan ávida de imágenes como su propia mente, que ya está definiendo lo que se convertirá en su próximo proyecto: una reflexión acerca del tabaco en la sociedad nipona. «En Tokio no se puede fumar en la calle. Hay una especie de mapa de la ciudad con las zonas en las que sí está permitido. Cada noche fumo millones de cigarros en esas zonas porque quiero que sea una serie nocturna, así que saco las fotos y me voy a dormir». Algunas de esas fotografías las ha ido publicando en Instagram, pero la red social las ha eliminado. «Eso me ha hecho mucha gracia. Ahora me motiva más el proyecto. Que haya una especie de censura en torno a esto me parece curioso».
“Paso el día con mucha gente, con coreanos, chinos o japoneses, en reuniones donde tampoco termino de entender qué está pasando. Tiene un punto cómico, pero no tengo a nadie que hable mi idioma con quien sentarme y decir: ‘Chicos, esto es la hostia’”
Diseñador gráfico de profesión, fue a través de la creación de catálogos como se dio cuenta de que le gustaba más la fotografía que el diseño. No obstante, los libros siguen siendo una obsesión, lo que lo lleva a desplegar su trabajo en diferentes series que acaban plasmadas en distintos volúmenes editoriales. «Para mí, los libros son series fotográficas de ideas. Es una manera de tangibilizar un proyecto». Uno de los momentos clave del giro de su trabajo desde el diseño hacia la fotografía sucedió en 2003, cuando conoció a Salva López y comenzaron a compartir apartamento en Barcelona. «Salva tenía muchos trabajos y comenzó a pasarme algunos de ellos. Me acompañó en el proceso de adentrarme en la fotografía comercial. También fue muy importante en lo personal».
Pero si hay un año en que su carrera dio un vuelco, ese fue 2020 cuando, un día cualquiera, recibió un correo en su bandeja de entrada: “Somos una empresa coreana, queremos hacer una exposición”. «Me enviaron un proyecto muy desarrollado y me embarqué en eso sin saber muy bien lo que estaba pasando. Montaron la exposición justo cuando volvió la segunda ola del Covid. En Corea cerraron todo menos los museos. El proyecto fue creciendo y yo lo viví todo online. Fue algo muy bizarro, muy bonito». Después, la muestra viajó a Busan, otra ciudad de Corea, y esta vez sí consiguió asistir. «De repente, estaba firmando autógrafos. Era todo muy loco».
Su día a día en Tokio es sencillo, entre disfrute y trabajo, fotografiando todo lo que lo rodea, extasiado por la belleza inherente a la cultura japonesa: «Aquí, cualquier esquina es maravillosa. No sé si es que estoy enamorado, pero todo me parece precioso». Aunque se lamenta de no poder compartir con amigos las situaciones, cuanto menos curiosas, que conforman su cotidianidad. «Paso el día con mucha gente, con coreanos, chinos o japoneses, en reuniones donde tampoco termino de entender qué está pasando. Tiene un punto cómico, pero no tengo a nadie que hable mi idioma con quien sentarme y decir: ‘Chicos, esto es la hostia’». Me lo imagino actuando con esa mezcla de humor sarcástico y gratitud de Bill Murray en Lost in Translation mientras sigue redefiniendo su visión del mundo, cámara en mano, con la misma mezcla de curiosidad y humor que lo llevó a donde está hoy.
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Issue Nº23
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Editorial en vivo por Charlotte Taylor
ORDEN, JUEGO Y CAOS
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Entrevista a Charlotte Taylor para Openhouse magazine Nº20.
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Texto deInma Buendia inmabuendia.com
Fotos de Enric Badrinas enricbadrinas.com
Side Gallery side-gallery.com
Charlotte Taylor @charlottetaylr
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ORDEN, JUEGO Y CAOS
Un inmenso espacio sin apenas paredes, rodeado de ventanas, cuyos suelos y techos poseen un solo color, aparece en escena. Resulta difícil adivinar su uso: ¿es una casa, es una oficina, es una galería o todo ello al mismo tiempo? La mirada va poco a poco distinguiendo los detalles. Hay una mesa vestida para quizá recibir invitados y una cama deshecha con un ordenador portátil sobre ella. Unos pasatiempos sobre un escritorio, una pequeña mesa sobre la que descansa un ajedrez, y varios objetos utilitarios como sillas, ceniceros o copas con gran atractivo escultórico, que bien podrían ser expuestos en un museo.
Se trata de la primera ‘live editorial’ de Openhouse. Una instalación de la mano de Charlotte Taylor que reinterpreta aquello que llamamos hogar en un imponente escenario, Side Gallery. Un artefacto contemporáneo en sus formas pero clásico en su propósito: la conservación y disposición de registros históricos relacionados con el diseño latinoamericano del siglo pasado. La majestuosa obra llevada a cabo por Guillermo Santomá en los 700 metros cuadrados de esta galería de Barcelona tan sólo se reviste de hormigón. Este material sirve para unificar tan vasto espacio en una sola pieza formal y funcional. Un cuerpo de trabajo sobre el que Luis Sendino, comisario y fundador de la galería, alterna tradición y vanguardia en una melancólica aproximación al pasado que invita a soñar con posibles futuros.
En esa suerte de paréntesis temporal se halla la propuesta creativa de Charlotte Taylor. Ajena al ruido estético a su alrededor, su mesa de trabajo es el inagotable archivo de imágenes que la diseñadora cataloga en su mente creando sinergias entre arte y cotidianeidad, entre orden y caos. Orbitar en el mismo espacio que Charlotte es dejarse imbuir por el calmado –que no dócil– carácter que transmite a cada paso. Un talante del que nacen ambientes sofisticados, vivaces y con un gran sentido del humor. Charlotte es la primera artista que, de la mano de talentosos creadores de todas partes del mundo, ha desarrollado la editorial en vivo que inaugura una nueva forma de expresión para Openhouse.
¿Cómo incorporaste tus gustos y preferencias con los de Openhouse y Side Gallery en la ‘live editorial’?
Ya existía una sinergia entre Openhouse, Side Gallery y mi estilo personal, así que el resultado fue más un collage de superposición de algunos de mis gustos más específicos sobre una paleta que siento familiar. Las camas deshechas tipo sudoku y las camisas a rayas son definitivamente una firma mía que aporta un poco de desorden.
¿Qué parte del proyecto disfrutaste más?
Ver a la gente interactuar con el espacio y las piezas. Hubo un grupo de niños que comenzaron a jugar al ajedrez. Ese fue mi momento favorito que alcancé a capturar.
¿Cómo difiere la curaduría de arte en una casa-galería de los espacios de galería tradicionales? ¿Cómo facilita el diseño esta distinción?
El aspecto doméstico del espacio aporta ese elemento personal a la galería y es una invitación a interactuar con el espacio y las piezas de una manera más casual y exploratoria. En diseño, hay una consideración diferente en el movimiento de las personas a través del espacio. La gente se apoya y recuesta en las piezas formando parte del espectáculo en lugar de ser simples visitantes. Se trata de llevar la experiencia de la galería más allá de la perspectiva visual e involucrar los otros sentidos.
¿Cómo consigues crear una imagen homogénea, elegante y desenfadada?
Manteniendo un elemento de juego y caos, permitiendo que las cosas tengan un sentido de movimiento y apertura, y alejando mi práctica de espacios que se perciben como muy elevados pero estáticos.
¿Hay objetos o materiales de diseño específicos que encuentres particularmente efectivos para lograr este equilibrio?
Los objetos contribuyen en gran medida a compensar un espacio, aportar una noción de personalidad y romper una disposición rígida.
¿De qué modo se nutre e inspira tu trabajo de elementos culturales e históricos?
Siempre estoy buscando inspiración en la diversidad de épocas históricas y culturales, y en los diferentes movimientos del mundo del diseño. Trabajo las similitudes y los contrastes fusionando referencias en algo nuevo pero muy arraigado en el pasado.
¿Cómo es la relación del diseño con otras disciplinas artísticas en tu trabajo?
Es muy fluida. Mi proceso pivota en gran medida entre el arte y el diseño. Para mí es inseparable, ya que todo se retroalimenta. El diseño como medio en sí mismo no puede hallarse aislado de un mundo creativo más amplio.
¿Cuál dirías que es el principal desafío al que te enfrentas como diseñadora y cómo lo superas?
Materializar ideas. Siempre hay más de cien ideas por las que puedo sentirme realmente emocionada y apasionada, pero es imposible desarrollar y mantener el ritmo de tu imaginación. Es frustrante ver cómo tantas ideas se disuelven y nunca toman forma. Priorizar los proyectos y conceptos por los que estoy más motivada e intentar asignar un tiempo y un horario determinado en lugar de comenzar múltiples cosas a la vez, me está ayudando a mantener el impulso sin dejar que los diseños de diluyan.
¿Cómo ha sido su trayectoria profesional en el mundo del diseño?¿Qué influencias han dado forma a su estética?
Mi trayectoria personal en diseño ha sido un tanto sinuosa y poco convencional hasta llegar a la arquitectura. Pasar por una variedad de medios y disciplinas dentro del diseño, ha moldeado mi enfoque multidisciplinar y estético. Mi formación en Bellas Artes ha sido muy definitoria de mi trayectoria, dotándola de una perspectiva muy lúdica y sin restricciones en los procesos y protocolos de diseño.
¿Cómo imaginas el futuro del diseño y qué papel esperas desempeñar en él?
Veo que se vuelve cada vez más colaborativo, no solo dentro de los campos tradicionalmente considerados creativos sino incluyendo todos los campos y sectores. Honrando la creatividad de científicos, matemáticos, ecologistas, el diseño se convierte en el producto de muchos, no de un solo diseñador/arquitecto/artista. Me encantaría trabajar y aprender de áreas en las que no estoy familiarizada e iniciar un diálogo sobre las posibles formas de trabajar juntos.
MARCOS PALAZZI
RETRATOS DE VIDA
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Carta del editor para el Nº20 de Openhouse magazine.
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Escrito por Inma Buendía inmabuendia.com
Fotografiado por Fabián Martínez fabianml.com
Marcos Palazzi marcospalazzi.com -
RETRATOS DE VIDA
Entrar en el estudio de Marcos Palazzi (Barcelona, 1965) es, de alguna manera, entrar en su casa. Este artista catalán cuya mayor virtud es la humildad, convierte en arte aquello que es cotidiano. Su entorno emocional es el material con el que nutre una obra principalmente pictórica que se vertebra sobre ejes como el dibujo, la fotografía, la memoria y el sentido del humor.
Casi como en una escena costumbrista de las que él mismo plasma en sus obras, acudimos a la cita junto a su hija Lucía, quien entre risas, recuerdos y anécdotas, va desvelando la trayectoria y personalidad de su padre cada vez que éste resta importancia a alguna de sus gestas.
Todo en la historia de Marcos Palazzi parece suceder en un presente contínuo, como si nos situásemos en una obra de George Orwell donde sólo cuenta el ahora. Así sucede cuando le pregunto cómo y cuándo conoció a Marta, su mujer: “En Puigcerdà, supongo. De siempre. Yo iba a casa de un amigo y ella tenía casa allí”. Su obra es una forma de capturar momentos. Muchos de los cuadros que nos rodean son escenas familiares protagonizadas por sus tres hijos, su mujer y él mismo. “Cuando los niños son pequeños, cuesta más pintarlos, es más difícil. Y eso que los hice varias veces en grande. Se vendieron, es una cosa curiosa, ¿quién quiere un niño?”, reflexiona. “Cuando íbamos a las exposiciones”, explica Lucía, “mis hermanos y yo contábamos cuántas veces salíamos en los cuadros para ver quién ganaba. Un día en la playa”, continúa, “un niño que estaba jugando con nosotros decía que mi hermano le sonaba mucho. De repente cayó en la cuenta de que en casa tenía un cuadro de mi hermano Simón estirándose un diente. Claro, alguien tiene un niño y alguien tiene a Simón. Alguien me tiene a mí o alguien tiene a mi madre, a mis gatos o a papá. La gente nos compra, sí”.
Mientras Fabián y Lucía disponen el espacio para disparar los retratos, yo hago lo propio con las palabras tratando de averiguar si el artista nace o se hace. “Siempre he dibujado, desde que era pequeñito. También me gusta mucho el cómic. Ya entonces me inspiraba mucho todo el trabajo de Robert Crumb, que era underground. La revista Dossier Negro era más de historias de terror pero tenía dibujantes muy buenos, americanos casi todos”, explica Marcos.
Eran los años 70 en Barcelona, cuando no era tan sencillo acceder a dichas referencias. “Mi tío era quien se los compraba todos. Aunque es médico, le gustaba mucho el cómic. Me dejaba entrar en su habitación y leer alguno, pero pocos. Después, tomaba prestado el siempre adorado comic Spirit de Will Eisner de un kiosko. La chica que lo atendía me lo permitía, disimulando ella más que yo”. Marcos otorga parte del mérito de dedicarse a su profesión al accidente que sufrió poco antes de examinarse de selectividad. “Estuve siete días en coma tras el accidente, no estudié nada y suspendí. En lugar de entrar en la carrera de Bellas Artes, me matriculé en EINA (Centro Universitario de Diseño y Arte de Barcelona) porque América Sánchez, el diseñador, me lo recomendó. Él era profesor allí. Y poco después ingresé en la Escuela Massana y en la Llotja, que además me servía como estudio”. En seguida ganó un concurso organizado por la Galería Parés de Barcelona (con quienes continúa exponiendo) y empezó a ganarse la vida como artista.
El arte no es únicamente la profesión de Marcos sino el lugar al que pertenece, la comunidad en la que se halla inmerso desde sus comienzos. “A los 22 o 23 años teníamos un colectivo que se llamaba San Paulino. Era el nombre de la calle en la que teníamos el estudio, una escuela abandonada en la parte alta de Barcelona que me dejaron usar. Pensamos en hacer una exposición para saltarnos a las galerías. Duraba un día y era muy divertido. Se vendía bastante. Lo hacíamos cada año”.
Hoy su estudio es una joya escondida en el barrio Gótico de Barcelona, de aquellas a las que accedes a través de un modesto patio y una angosta escalera. Nada en ese recorrido hace prever lo que nos encontraremos al cruzar el umbral: grandes ventanas con forma de semiarco, cientos de obras de todos los tamaños, imágenes, pegatinas, objetos curiosos…“En el piso de arriba está Artigau, que es un pintor pop, por así llamarlo, de 83 años. Era mi profesor y yo venía a verlo de tanto en tanto. Un día le dije que me avisase cuando se fuese el vecino de abajo porque yo alquilaría el estudio, en la medida posible, y ya llevo diez años.”Lucía hace las veces de guía: “Mateo aquí no se parece a Mateo”, dice señalando un cuadro que retrata a su hermano. “Y esa es la despedida de mi perro en la cocina, cuando tuvimos que sacrificarlo”, explica junto a otra de las imágenes que, como en un álbum, recogen hitos de su propia vida.
Fabián comienza a fotografiar al artista que quiere ponerse su chaqueta favorita (verde a cuadros) para la imagen: “Cuando pienso en mi padre, pienso en esta chaqueta tan fea. Siempre la lleva. Es su look, su personaje”, señala Lucía. Es la relación que Marcos mantiene con varios objetos que nos rodean: “Esto es un trozo de hierro donde hacía las mezclas. Lo de debajo es una mesita típica pero siempre la he tenido cariño”, comenta acercándose a una especie de bandeja cubierta de colores.
De pie junto a la ventana de su pequeña tramoya de artefactos hiperrealistas, se puede intuir que Marcos Palazzi ha tenido una vida plena. Quizá su secreto no sea llegar más o menos lejos, o tener más o menos éxito. Puede que la llave de la felicidad en su caso se encuentre en la vida familiar. Una vida que retratar.
OPENHOUSE EDITORIAL
EL ACTO DE COMPARTIR
EL ACTO DE COMPARTIR
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Carta del editor para el Nº20 de Openhouse magazine.
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Desde que Openhouse lanzase su primer número en 2014, el mundo ha reconceptualizado el término compartir. Hoy, este posee muchas más acepciones, más matices, más escenarios y más soportes. Sin embargo, en muchos de sus significados actuales, compartir se vincula a un individuo que emite ideas o emociones de forma unilateral desde un espacio físicamente cerrado, en muchos casos a través de las redes sociales. Se trata de una manera de derribar las fronteras que nos permite conectar en tiempo real con personas de todo el mundo, solo que a través de un dispositivo individual como es el teléfono. En soledad pero al mismo tiempo en compañía.
Para Openhouse como proyecto, incluso antes de convertirse en una publicación, la idea de compartir hace referencia a una acepción más social, vinculada al encuentro físico y comunal. Del mismo modo que en el eterno enigma: “si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?”; si tenemos un talento o un don que nadie conoce, ¿realmente podemos defender que es una habilidad real? Publicado en 2014, el Nº1 de Openhouse magazine nacía con un slogan: The Life we Share. Una frase que describe, casi con literalidad, lo que Andrew Trotter y Mari Luz Vidal, fundadores de la revista, hacían por entonces en su propia casa. Un apartamento en el centro de Barcelona que no sólo compartían como compañeros de piso, sino que convirtieron en un proyecto en sí mismo cuando decidieron abrir sus puertas a quien quisiera disfrutar de las diferentes actividades culturales que ambos empezaron a programar. Dicho ‘acto de compartir’ sigue latente bajo la piel que habita la revista Openhouse. Veinte números después, es indescriptible la emoción que sentimos al echar la vista atrás. Son muchas las personas que comenzaron siendo nombres de profesionales a los que admiramos, y hoy podemos considerar amigos. Arquitectos, artistas, curadores y creadores que nos abrieron las puertas de sus casas para que nos sintiéramos como si estuviéramos en la nuestra. John Pawson, la familia Gomis, Jan y Lin Utzon, Hértor Barroso, César Cervantes, Christian Bourdois y Eva Albarrán en las Solo Houses… El listado es abrumadoramente largo.
Pero no solo nos llenamos de emoción al repasar lo vivido. También lo hacemos cuando alzamos la mirada para prever lo que está por llegar. En este número, nos rodeamos de caras ya conocidas como las de Vincenzo y Claudia Rose de Cotiis, quienes tienen la gran amabilidad de mostrarnos su nuevo proyecto en Venecia. Una oda al arte italiano que es una obra de arte en sí misma.
Visitamos Casa Soleto, el proyecto personal de Andrew Trotter y Marcelo Martínez. Un hogar lejos de casa en cuya renovación los hemos visto trabajar duro pero también vibrar durante los últimos dos años. Hoy es una realidad que hospeda a quien quiera vivir una experiencia casi espiritual en Puglia, Italia.
Al otro lado del océano, en Ciudad de México, Graciela Iturbide y Mauricio Rocha se sientan a la mesa en el Estudio Iturbide junto a su amiga, la artista Claudia Fernández. Alrededor de un delicioso pastel y una botella de tequila, madre e hijo nos hablan de sus respectivos procesos creativos, como fotógrafa y arquitecto, de sus primeros pasos profesionales y repasan la historia familiar entre anécdotas, recuerdos y risas.
No muy lejos de allí, en San Francisco, Ira Kurlander nos abre las puertas de su casa; un hogar diseñado por el propio arquitecto donde el estilo mid-century convive con la ensoñación creativa y un cierto toque surrealista. Sin dejar de lado la parte más lúdica de la creación, volvemos a Barcelona para visitar el estudio del artista Marcos Palazzi quien, con su pintura, invita a reflexionar sobre temas universales a través del retrato de escenas íntimas y familiares.
Si hay algo que he aprendido desde que comenzase a trabajar en Openhouse magazine en 2015, es que compartir y capturar momentos de nuestras vidas, a través de cualquier tipo de disciplina o soporte, es un acto íntimo que permanece dentro de nuestra memoria física pero también emocional. En Openhouse nos gusta pensar que continuamos siendo un lugar de encuentro. Seguimos estrechando lazos con personas creativas de todo el mundo y nos gusta hacerlo como siempre lo hemos hecho: invitándoles a entrar, a sentarse y a charlar.
CASA BERNAL
LA FLOR ENTRE LOS ESCOMROS
LA FLOR ENTRE LOS ESCOMBROS
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Reportaje sobre Casa Bernal para Openhouse magazine Nº20.
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Escrito por Inma Buendía inmabuendia.com
Fotografiado por Luis Garvan luisgarvan.com
Chic by Accident chicbyaccident.com -
Openhouse magazine Nº20
La historia recoge, como si se tratase de heroicidades, las gestas de personajes que se abrieron paso en sus vidas a pesar de las circunstancias. Si bien la sociedad está de acuerdo en la perseverancia y fortaleza de estos referentes sociales, poco se habla de la intuición, del estado mental que permite a nuestros sentidos detectar los momentos en lo que debemos actuar, las oportunidades que no debemos dejar pasar.
Marcos Ruiz es de aquellas personas que poseen un gran instinto, que se deleitan en el proceso de construir y construirse. Me encuentro con él en su casa de Ciudad de México. Un lugar con pocas piezas de mobiliario pero en cuya elección se intuye una meditada decisión. Todas poseen un gran peso, una extraordinaria presencia y un fuerte carácter. Sentados en su majestuoso sofá, Marcos intenta resumir sus andaduras profesionales pasadas, presentes y futuras, mientras yo atisbo rasgos en común en todas ellas: un refinado gusto estético y un sincero interés tanto por la historia de la humanidad como por los objetos que han adornado dichos episodios hasta nuestros días. “Creo en el interiorismo como una colección, pues es una manera de expresión. Al final del día estás contando una historia. Es un lenguaje total; un lenguaje muy abstracto, pero se logra contar una historia con eso”, explica.
Nacido y criado en Querétaro, Marcos lleva más de quince años en la Ciudad de México, aunque ha vivido en otros lugares de forma eventual.“Cuando me mudé aquí me empecé a familiarizar con las galerías de la ciudad”. Poco a poco, fue aprendiendo el oficio de curador, de coleccionista, y a adquirir un criterio artístico que lo llevó a crear su propio universo creativo. Siempre fue admirador de la arquitectura, del diseño y del arte, a pesar de tener otro background. “El proceso creativo para dar vida a una idea me fascina. Y el interiorismo me emociona muchísimo. Es de las cosas que más disfruto”. Por eso, cuando su familia decidió deshacerse del cúmulo de escombro en el que se había convertido Casa Bernal, Marcos se propuso salvarla y devolverla a la vida.
Símbolo de una época clave en la historia de México, la casa había dado servicio a su comunidad: “Está situada en un pueblo muy pequeño donde no había lugar en el que guardar y sacar dinero como es el Banco de México. Todas las compañías mineras que están en la Huasteca Potosina, hacían escala allá antes de ir a la Ciudad de México, y la casa funcionaba como una especie de banco. Después de la revolución, fue saqueada y quedó abandonada.”
Para realizar el proyecto de Casa Bernal, Marcos se apoyó en Chic by Accident, el estudio de Emmanuel Picault: “Fue una experiencia muy motivante y enriquecedora. Emmanuel tiene un ojo impecable y una estética escenográfica que se ve reflejada en la casa”. Marcos habla desde su propia experiencia porque el diseñador le entregó las llaves poco antes de que estallara la pandemia. La Ciudad de México quedó desierta, así que decidió mudarse temporalmente a Bernal. “Pasamos como unos cuatro o cinco meses allá con dos colchones. No hay nada como disfrutar la casa viviéndola. Es un pueblo muy pequeño, muy hermoso pero muy tranquilo. Yo salía en la mañana a comprar huevos en pijamas y no había nadie. Era una locura”.
El resultado es de una audacia extraordinaria ya que, en muchos sentidos, tanto Emmanuel como Marcos, dejaron que la casa se expresase: “Hicimos un gran trabajo de paisajismo, sobre todo del casco viejo. Realmente [la casa] no tiene techos ni nada, sino que es como una abstracción manual. La parte de atrás del terreno estaba vacía porque eran las caballerizas y decidimos hacer esta locura. Traspasar este casco viejo, conservado con plantas y cactus creciendo en las paredes, es como entrar a otra dimensión. No sabes qué está pasando. De pronto, llegas a esta piscina con las vistas a un peñón gigante, el tercero más grande del mundo después de Gibraltar. Emmanuel logró hacer que te sientas en medio de la nada.”
La idea de Marcos siempre fue que la casa se convirtiera en un espacio lúdico para compartir con sus amigos y con su familia. “Mis sobrinos me la piden mucho para ir con sus amistades. Es una casa en la que realmente se consiguió lo que yo quería. Sabía que era un lugar hermoso que podía tener una nueva vida. Se logró y estoy muy contento con eso”.
Si bien la alberca se puede considerar la gran protagonista del espacio, todo el tratamiento dado al proyecto convierte a Casa Bernal en una obra para admirar, más allá de su habitabilidad. La pieza dialoga con el paisaje, lo acompaña, se nutre de él y juntos componen estampas que rezuman vida como una espléndida flor que se abre paso entre los escombros.