EDITOR'S LETTER OF ISSUE No.25

OBSESIONES: RETRATO DEL ALMA
Existe un momento difícil de precisar en el que aquello que amamos puede empezar a consumirnos. No siempre es un mal síntoma. A veces es simplemente la señal de que algo nos importa de verdad. Así se vive hoy. Estamos en la era de los -holics (workaholic, shopaholic y los que están por llegar). Una forma de ser individual que la tecnología ha convertido en comunal. Las redes no han inventado el fenómeno, pero sí lo han agudizado con un algoritmo que, en cuanto detecta nuestra atracción hacia algo, lo devuelve multiplicado, amplificado, hiperbólico; hasta que resulta difícil distinguir dónde termina el interés genuino y dónde empieza el vértigo, como si la obsesión fuera el único baremo válido del deseo.
“Resulta difícil distinguir dónde termina el interés genuino y dónde empieza el vértigo, como si la obsesión fuera el único baremo válido del deseo.”
En Openhouse nos obsesionan las personas que se obsesionan, y en este número mostramos algunas de ellas. Como Luis Sendino, cuya devoción por el diseño del Japón de la posguerra le ha llevado a construir una colección que habla por sí misma en las páginas de la editorial. Más ecléctica, íntima, personal y contemporánea es la que Andrés Carretero ha ido atesorando sin más pretensión que el goce de verse rodeado de aquello que le estremece. Una colección que, como él mismo, va cambiando y evolucionando con el paso del tiempo.Hay a quienes no es el objeto sino el proceso lo que les engancha. Que viven en esa eterna diatriba entre respetar el paso del tiempo o intervenir en él. Casa Albero vive en ese limbo: una joya arquitectónica que muestra sus grietas sin pudor, que convive con la naturaleza y se confunde con ella. Que parte de un pasado pero lleva las cicatrices de lo vivido a flor de piel.
“La obsesión es un arma de doble filo. Una línea sobre la que hay personas que, como funambulistas, eligen caminar: calibrando el peso, dando tres pasos adelante y uno atrás, con los brazos bien extendidos ante lo que está por llegar”
La obsesión es un arma de doble filo. Una línea sobre la que hay personas que, como funambulistas, eligen caminar: calibrando el peso, dando tres pasos adelante y uno atrás, con los brazos bien extendidos ante lo que está por llegar. Así me gusta ver a nuestros protagonistas. Desde la familia Enrich hasta Studio KO —cuya forma de entender la arquitectura como intervención sinuosa en el territorio les ha llevado a crear, junto a Nathalie Guihaumé, su propia galería, L’Oiel de KO— todos ellos han hecho de su pasión una forma de habitar el mundo.
Todas estas obsesiones convierten la vida en un lugar más interesante. Aunque, a veces, también hagan sufrir a quienes las sostienen. Como una herida a la que uno regresa de vez en cuando para comprobar que sigue ahí, que late, que aún tiene algo que decir. Quizá eso sea lo más honesto que puede hacer un ser humano: no fingir que ya no duele.