REFUGIOS DE VERANO

FINCA LA CASETA
Hay enclaves que, sin anunciarse, se convierten en refugio. En el Baix Ebre, al sur de Cataluña, entre el rumor de olivos centenarios y la presencia discreta del mar, Borja Mas Rodríguez ha encontrado esa mezcla exacta de arraigo y revelación. Un lugar que habla en voz baja pero clara y que habita de forma íntima: lejos del ruido, cerca del tiempo.
“NOS GUSTABA LA IDEA DE TENER UN ‘TROS’ DONDE DESCONECTAR Y, AL MISMO TIEMPO, CONECTAR”
En ocasiones, el arraigo llega de forma sutil, como una herencia emocional. Rosa, pareja del arquitecto Borja Mas Rodríguez, pasó los veranos de su infancia en L’Ametlla de Mar, un pueblo de pescadores donde su familia ha vivido durante décadas. Su vivencia les hizo conectar con el entorno: “Nos gustaba la idea de tener un ‘tros’ —como se llaman este tipo de fincas por aquí— donde desconectar y, al mismo tiempo, conectar.” Sostenible y abierta al paisaje, la casa es un espacio de encuentro y creación. “Es exactamente lo que buscábamos: un rincón para disfrutar los fines de semana y compartir con gente afín.” Conscientes del valor intrínseco del territorio, su compromiso es cuidar de su legado: “La clave está en que quienes venimos, lo hagamos entendiendo el contexto.” Porque habitar también es un acto de respeto.
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Summer 2025
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