Una mirada que traspasa la cámara
JOANA BIARNÉS
Su indiscutible carisma, su tremenda vitalidad, su valentía y su gran sentido del humor dejan claro por qué logró ser una entre todos.
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Entrevista a la primera mujer fotoperiodista de España, Joana Biarnés.
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Openhouse magazine
Issue Nº9 -
Fotos de archivo cortesía de Joana Biarnés
Retrato de Lander Larrañaga
landerlarranaga.com -
JOANA BIARNÉS
Los grandes personajes suelen destacar por su humildad. Al menos este es el caso de Joana Biarnés, la primera fotoperiodista española. Su indiscutible carisma, su tremenda vitalidad, su valentía y su gran sentido del humor dejan claro por qué logró ser una entre todos. Cómo, pese a los malos momentos y especialmente gracias a los buenos, continúa conservando un carácter vital y combativo, tanto o más que cuando decidió colgarse del cuello una cámara de fotos para salir a capturar el mundo.
Juanita, como le llamaban sus compañeros, únicamente quiso desempeñar la profesión de fotoperiodista como el resto de sus colegas, pero mientras intentaba mostrar su amor por la fotografía y su valía en el oficio, también se convirtió en una pionera en la lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres a principios de los años 60.
Mujer de intensas emociones, Joana ha tenido varias pasiones en su vida. La primera fue el fotoperiodismo, una profesión a la que llegó de manos de su padre, fotógrafo deportivo, a quien ayudaba en el laboratorio desde que era una niña. Su sabiduría e integridad animaron a Joana a realizar sus propios reportajes e iniciar una carrera en la que compitió con sus compañeros en clara desventaja, pero con total entrega. “El fotoperiodismo es algo que tienes que sentir. Te da disgustos y te domina en ocasiones, pero aún así hay que quererlo. Para mí es como una pareja a la que perdonas ciertas cosas”, explica.
Si tuviera que escoger un término que defina por lo que pasó durante los primeros años de su carrera, esa palabra es incomprensión: “Muchísima. Por parte de hombres a quienes incomodaba que fuese una mujer quien les retratase y por parte del Gobierno de la época. Un acoso, no sexual pero sí de género, por ser mujer y fotógrafo”, explica indignada. “La policía me echaba sistemáticamente de todos los edificios oficiales, aunque llevase las credenciales, por el hecho de ser mujer. Esto te da un golpe muy duro”. Siempre defendió la formulación masculina del oficio: “Decirlo en femenino era como hacer una concesión. Yo era un fotógrafo más, solo que con falda y zapatos”.
“El fotoperiodismo es algo que tienes que sentir. Te da disgustos y te domina en ocasiones, pero aún así hay que quererlo. Para mí es como una pareja a la que perdonas ciertas cosas”
Su padre le había enseñado a que debía obtener ‘La Foto’. Aquella imagen que fuese la clave de la historia y que se diferenciara de la que hacían los demás. Movida por ese impulso, en 1965, tras la rueda de prensa que los Beatles habían ofrecido con motivo de su concierto en Madrid, Joana consiguió colarse en la suite del hotel en la que se hospedaban. “Creo que no se tomaron en serio que era fotógrafa. Pensaron que era una ‘groupie’ que se había inventado que era fotoperiodista”. Pasó tres horas charlando y disparando con su cámara. El diario Pueblo, donde trabajaba, no quiso el reportaje de los cuatro de Liverpool, así que Joana lo acabó regalando a otra publicación. Nunca recibió dinero de aquella exclusiva mundial pero su situación mejoró. Se convirtió en la fotógrafa de Raphael y recorrió medio mundo retratando su figura, además de publicar múltiples reportajes de sociedad con grandes personalidades de la época como Lola Flores, Sara Montiel, Orson Welles, Joan Manuel Serrat o Audrey Hepburn.
“La policía me echaba sistemáticamente de todos los edificios oficiales, aunque llevase las credenciales, por el hecho de ser mujer. Esto te da un golpe muy duro”
Su pasión por el fotoperiodismo acabó en desengaño a principios de los 80, cuando el sensacionalismo comenzó a llenar páginas al tiempo que el periodismo desaparecía de ellas. Con gran pesar, a sus 50 años de edad, Joana cerró un capítulo de su vida. Dejó la profesión, vendió todas sus cámaras y se mudó a Ibiza, donde tenía una casa. Allí, las visitas de amigos atraídos por la buena mano de Joana en la cocina, eran constantes. Pronto se dio cuenta de que esta otra pasión podría convertirse en un nuevo oficio. Su marido, Jean Michel Bamberger, le apoyó en su decisión y juntos trasladaron su química a Cana Joana en 1985, él atendiendo las mesas y ella en los fogones. “Montamos el restaurante con muchísimo éxito y en una Ibiza maravillosa”.
Profesó su amor a la cocina durante veintidós años, tiempo en el que no fotografió a ninguno de las nombres conocidos que visitaron el restaurante, como Roman Polanski o Juan María Arzak. Su archivo de anécdotas, sin embargo, es inagotable. Recuerda las visitas de Naomi Campbell: “La segunda vez que vino, Jean Michel instaló su mesa en el fondo de la sala para que los comensales la vieran cada vez que tuviera que ir al baño. Caminaba como una gacela, con una minifalda cortísima y un cinturón con una gran hebilla. ¡Si ves las caras de los clientes. Un silencio! Todo el mundo dejó de comer por un instante”.
Ahora Joana se reencuentra con la fotografía, su gran amor, gracias a su primer trabajo, publicado en 1962: un reportaje sobre las riadas de Terrassa, su ciudad natal. En 2011, Cristóbal Castro preparaba una exposición con motivo del quincuagésimo aniversario de la catástrofe y contactó con ella para ver su material. Éste descubrió el extenso archivo que Joana aún conservaba justo cuando ella se disponía a destruirlo, convencida de que nadie le daría un valor.
Cristobal recuperó su nombre, no sólo como primera fotoperiodista de España, sino como un fotógrafo con una mirada única. A pesar de ello, nunca se ha arrepentido de dejarlo: ”Volvería a hacerlo porque el tiempo me ha demostrado que mereció la pena. Ahora, sin esperarlo en absoluto, estoy recogiendo el premio”. Con la misma ilusión de los inicios, a sus 83 años, Joana ha vuelto a colgarse la cámara y está preparando varios proyectos. Hoy abraza el objetivo con menos capacidad de visión pero con la misma mirada de entonces porque, como ella misma dice, con lo que dispara es con el corazón.
BREAKING THE BOUNDARIES OF CONVENTION
SOLO OFFICE
With only the basic elements of a home – and no more – its main ornament is its setting, which sweeps us away with its breathtaking magnificence.
SOLO
OFFICE
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Story about Solo Office, part of Solo Houses project.
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Openhouse Magazine
Issue Nº8 -
Pictures by Mari Luz Vidal
mariluzvidal.comSolo Office
solo-houses.com/house/solo-office-kgdvs/ -
Ideas are intangible; they have led us to design cities and establish ways of life from the beginning of time. They are the first and most obvious acts of human understanding. They have no boundaries, and those which we attribute to them are often artifices that we imposed upon ourselves, so long ago that our minds have forgotten. Art strives to represent that break with convention, to cast off the information we have grasped and reinterpret what we view as natural and unmovable. Works are created that show us how other worlds are possible. Architecture is one key force in this construction of society, influencing and questioning everything around us.
Solo Houses is a project that challenges prevailing views. On a quest to reinterpret a lifestyle, Christian Bourdais and Eva Albarrán have put architecture at the service of nature, and present the force of combining the two, to those who wish not only to view the work, but to become a part of it. When the entire project is completed, Solo Houses intends to become a gallery of sorts in the middle of a forest, with life-size pieces signed by leading young contemporary architects: a catalogue of houses in sync with our times, places for yielding to the certainty of having an extraordinary experience. Art lovers will not be looking at photographs, architectural drawings, or models, as in a typical gallery. Here, they will be invited to touch, smell, and inhabit the works.
Solo Office is the second piece in the Solo Houses project, which began with a construction designed by Pezo Von Ellrichshausen and is now being continued by the Belgian firm OFFICE Kersten Geers David Van Severen. It was late on the last Friday night of summer when we visited there, driving down a country road surrounded by trees behind the Sistema Ibérico mountain range. Lightning flashed in the distance, announcing a storm that never quite took hold. After a few more bends in the road, a gravel trail led us not only to a house, but also to a state of mind; a sort of parallel reality. It was as if we had crossed a space-time portal in which both the parts and the whole led us to merge with the environment, to slide into its new tempo.
OFFICE’s Kersten Geers & David Van Severen shed all social conventions and delved into artistic creation. Shaped as a circle with a total surface area of 1600 m2, the building is dominated by a void in the centre, more than two thirds of its size. The building challenges physical boundaries while questioning the actual definition of makes a house, in an exercise of style that involves a reinvention of spaces featuring the movable exterior walls by artist Pieter Vermeersch. These panels open and close the three distinct pavilions – the living room and kitchen, the main bedroom and the guest bedrooms – which, stripped of this framework on the outer face of the circumference, break the boundary between nature and human intervention.
“We don’t live in the forest, we live with it. The house spans as far as the eye can see – whether we’re cooking, stretched out on the bed, or soaking in the tub in the master bathroom”
“We don’t live in the forest, we live with it. The house spans as far as the eye can see – whether we’re cooking, stretched out on the bed, or soaking in the tub in the master bathroom.” Looking out upon the rocky hills of the Parque Natural de Els Ports, the rays of sunlight on the horizon pour in and out of each corner of the house, claiming their ownership over a piece built in their praise.
The glass surfaces facing the inner courtyard again blur the barriers between interior and exterior; light shines through in endless tones, heightened by the metallic curtains, the reflective bathroom enclosures and the mirrored doors to the three rooms. The hybrid lamps by artist Richard Venlet and the line of furniture by the Muller Van Severen designers complete the austere luxury in which nothing interferes with a nakedness that is proud to show itself to the world.
With only the basic elements of a home – and no more – its main ornament is its setting, which sweeps us away with its breathtaking magnificence.
Desafiado los límites de lo establecido
SOLO OFFICE
Con tan sólo los elementos básicos de una casa —ni uno más—, su principal ornamento es el entorno, ante cuya magnificencia caemos rendidos.
SOLO
OFFICE
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Reportaje sobre Solo Office, como parte del proyecto Solo Houses.
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Openhouse Magazine
Issue Nº8 -
Fotografiado por Mari Luz Vidal
mariluzvidal.comSolo Office
solo-houses.com/house/solo-office-kgdvs/ -
Las ideas son aquello intangible que desde el origen de los tiempos nos ha llevado a diseñar ciudades y establecer formas de vida. Son el primero y más obvio acto del entendimiento humano. No conocen límites y aquellos que en ocasiones creemos tener, son generalmente artificios instaurados por nosotros mismos, solo que fue hace tanto tiempo que nuestra mente lo ha olvidado. El arte trata de representar esa ruptura con lo establecido, despojarse de todo lo aprehendido y reinterpretar aquello que el resto vemos como natural e inamovible creando obras que nos hagan ver que otros mundos son posibles.
La arquitectura es uno de los ejes fundamentales de la construcción de la sociedad, que influye y cuestiona aquello que nos rodea. Las Solo Houses son uno de esos proyectos que desafía el criterio acordado socialmente. Con la intención de reinterpretar un estilo de vida, Christian Bourdais y Eva Albarrán, ponen la arquitectura al servicio de la naturaleza y acercan dicho binomio a quienes quieran no sólo contemplar la obra, sino formar parte de ella. Cuando concluya la construcción del proyecto en su totalidad, Solo Houses pretende ser una suerte de galería situada en medio del bosque con obras a tamaño real firmadas por los grandes nombres de la joven arquitectura contemporánea. Un catálogo de casas acordes a nuestro tiempo, en las que entregarse a la certeza de vivir una experiencia extraordinaria. Nada de ver fotos, planos o maquetas; los amantes del arte pueden tocar, oler y habitar las obras.
En busca de nuevas sensaciones, emprendo el viaje a Solo Office junto al equipo de Openhouse. Es la segunda creación del proyecto Solo Houses, que comenzase con una construcción diseñada por Pezo Von Ellrichshausen y que continúa el estudio belga Office Kersten Geers David Van Severen. Son poco más de las diez de la noche del último viernes de verano y nuestro coche se adentra en un camino rodeado de árboles tras lo que se adivina el Sistema Ibérico. Los relámpagos vienen y van anunciando una tormenta que no acaba de llegar. Tras un par de curvas más, una pista de piedras nos lleva no sólo a una casa, sino a un estado mental; a una especie de realidad paralela. Es como si hubiéramos traspasado una puerta espacio-temporal en la que tanto las partes como el todo nos llevan a fundirnos con el entorno, a fundirnos en su nuevo tempo.
“No vivimos en el bosque, convivimos con él. Así, Solo Office alcanza hasta donde lo hace nuestra mirada, ya sea mientras cocinamos, entre las sábanas de la cama o desde la bañera del dormitorio principal. ”
Para llevar a cabo la obra, el estudio Office KGDVS dejó atrás toda convención social y se dio por completo a la creación artística. En forma de círculo, sobre una superficie total de 1600 m2, Solo Office incluye un patio de 1050 m2 con una piscina en el centro. La construcción reta los límites físicos y al mismo tiempo cuestiona la definición de casa en un ejercicio de estilo que supone una reinvención de los espacios liderada por los módulos móviles del artista Pieter Vermeersch. Éstos abren y cierran a su antojo los tres juegos de salón, dormitorio principal y dormitorio de invitados que, despojados de esta especie de armazón en la parte exterior de la circunferencia, rompen la frontera entre naturaleza e intervención humana.
No vivimos en el bosque, convivimos con él. Así, Solo Office alcanza hasta donde lo hace nuestra mirada, ya sea mientras cocinamos, entre las sábanas de la cama o desde la bañera del dormitorio principal. Entregada a las rocosas montañas del Parque Natural de Els Ports, en el horizonte, los rayos del sol entran y salen por cada uno de sus rincones reivindicando la propiedad de una obra hecha para su elogio. La superficie acristalada del interior de la circunferencia difumina de nuevo la frontera entre el interior y el exterior. Ésta permite el paso de la luz en forma de un sinfín de tonalidades, aupada por las cortinas de micro-rayas, las cabinas de baño plateadas, los muebles de la cocina y las puertas-espejo de acceso a las tres estancias. Las lámparas híbridas del artista Richard Venlet o la línea de muebles de los diseñadores Muller Van Severen, completan un lujo austero en el que nada interfiere a una desnudez ávida por mostrarse con orgullo al mundo. Con tan sólo los elementos básicos de una casa —ni uno más—, su principal ornamento es el entorno, ante cuya magnificencia caemos rendidos.
A WALL UNITING ART AND COMMUNITY
CASA
WABI
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Story about Casa Wabi, the art residency designed by Tadao Ando in Oaxaca, Mexico.
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Photographed by Fernando Farfán
fernandofarfan.com
Casa Wabi
casawabi.org -
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Casa Wabi Openhouse
CASA
WABI
On a Mexican beach, the imposing presence of the wall clearly marks the North/South, beach/mountain, public/private, and gallery/housing axes. The Japanese architect had never designed anything like it before, but Bosco Sodi insisted and his words pushed Ando’s skepticism aside. For Bosco the project had started long before, during the first of several art stays in Japan, when he became fascinated by some of the country’s museums designed by Tadao Ando.
Bosco explained his idea: he wanted to build a place to accommodate and shelter artists who would, in turn, become directly involved in the community. He aimed to get rid of the superficial outer layer of art, and commit socially to an exercise that he believes every artist must successfully undergo in order to succeed. Puerto Escondido, a small fishing village by the sea on the Oaxaca coast, was the perfect setting to develop this project that was both personal and professional. Bosco’s family had known the location for decades as they already had a getaway home in the region, a place they returned to for the simplicity of its quiet landscape, far from the turmoil of a big city.
In 2014, Casa Wabi opened its doors as an art foundation whose main focus is community education. The historian and sociologist gerardo guevara had conducted anthropological research to measure the impact of such a message, and he determined a radius of villages within 10 minutes from Casa Wabi that could benefit from this vision. When artist residents first arrive, they are not asked to develop their own work but to collaborate with the local people. The foundation’s team aims to mix young with established authors to promote dialogue, projects and multiple collaborations. There are no open calls, grants, or contests. Casa Wabi invites those that can contribute something both to other artists and to the local people. A condition which extends also to chefs, musicians, dancers or writers.
“The foundation is now a small, and yet large, family that works on both sides of the wall - a wall which does not serve to separate, but to unite art and communities.”
On one side of the wall, surrounded by cactus and sprayed with the breeze from the sea, the foundation can host up to six artists at a time. The space consists of one bungalow per resident, two large working halls, and an extra six open studios which invite fluent exchange between artists. The light and shadows play next to the sculpture garden, an exercise in aesthetic humbleness. The inspiring beauty of Casa Wabi comes from the combination of Ando’s trademark use of concrete, with roofs made from dry palm leaves - traditional building elements of the region. The direct, simple and unpretentious style of Tadao Ando is precisely what captivated Bosco, and proves that great works can be built with simple materials.
Casa Wabi is accessed through the main palapa which contains the common rooms, kitchen, lounge, a TV room and a play room - located alongside the premises that Bosco and his family occupy on their visits to the foundation. The gallery on the other side of the wall hosts an annual exhibition of the most important contemporary artists.
Through the gallery, Casa Wabi remains constantly in touch with admired creators from all over the world, whose imaginaries show proudly to the local community. This is a joint journey with the foundation’s film program, which takes cinema to the nearby villages. Casa Wabi’s gaze also cuts across Mexican culture. Its recent clay program aims to preserve tradition among new generations and to recover the use of domestic clay tools. The pottery oven will soon take up its own pavilion, planned by the Portuguese architect Alvaro Silva.
Bosco Sodi’s will to educate villagers through art is now a reality at Casa Wabi. In little over a year, the foundation has worked hard with some sixty artists from all over the world. Artist residents and locals work together in an endless and unpredictable dialogue, providing creativity in its purest form. The areas surrounding Puerto Escondido see the house as a place to grow new ideas. The young approach the foundation to propose new workshops and projects, and the footprint left by Casa Wabi on the communities has also marked the lives of the managing team. Divided between Puerto Escondido and Mexico DF, the foundation is a haven that hosts different approaches and proposals in the art world, well beyond sales and exhibitions. The foundation is now a small, and yet large, family that works on both sides of the wall - a wall which does not serve to separate, but to unite art and communities.
UN MURO QUE DIVIDE ARTE Y COMUNIDAD
CASA
WABI
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Artículo Casa Wabi, la residencia artística diseñada por Tadao Ando en Oaxaca, México.
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Fotografiado por Fernando Farfán
fernandofarfan.com
Casa Wabi
casawabi.org -
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Casa Wabi Openhouse
CASA
WABI
Una línea dibujada en una hoja de papel convirtió Casa Wabi en una realidad. Tadao Ando comenzó a esbozar la fundación a partir del muro de 350 metros que lo vertebra.
Aunque el arquitecto japonés nunca antes había diseñado nada igual, la insistencia de Bosco Sodi hizo que dejara su escepticismo a un lado. Sobre una playa mexicana, la imponente presencia del muro marca una fuerte división entre norte y sur, playa y montaña, lo privado y lo público, la galería y la residencia.
Para Bosco, en cambio, el proyecto había comenzado mucho antes, mientras realizaba la primera de varias residencias de arte en Japón. Fue entonces cuando quedó fascinado por la impronta que Tadao Ando había dotado a varios museos del país. Bosco le explicó su idea. Quería construir un lugar en el que dar cabida y cobijo a artistas que intervinieran de manera directa en la comunidad. De algún modo, buscaba despojar al arte de su faceta más superficial y adquirir un compromiso social en un ejercicio que, en su opinión, todo artista de éxito debe realizar.
Puerto Escondido, un pequeño pueblo costero de pescadores situado en la costa de Oaxaca, era el escenario perfecto para desarrollar un proyecto no solo profesional sino personal. La familia de Bosco lo conocía muy bien ya que tenía en dicha región un refugio al que, desde hacía décadas, acudía al reencuentro con la sencillez de un paisaje en calma, lejos de la agitación de la gran ciudad.
“La fundación es ahora una pequeña gran familia que desde un pueblo de pescadores trabaja a ambos lados de un muro que en el lugar de separar, une arte y comunidad.”
En 2014, Casa Wabi abrió sus puertas como una fundación de arte cuyo eje principal es la educación de la comunidad. Gerardo Guevara, historiador y sociólogo, realizó un estudio antropológico para medir el área de impacto al que dirigir su mensaje y determinó un radio de acción a poblados a diez minutos de distancia. Cuando los residentes llegan, no se les pide obra propia sino que desarrollen un plan con los habitantes de la zona.
A un lado del muro, rodeado de cactus y salpicado por la brisa del mar, la fundación cuenta con capacidad para recibir a seis artistas al mismo tiempo. No existen convocatorias abiertas ni concursos o becas, sino que es Casa Wabi quien invita a aquellos creadores que puedan aportar algo tanto a otros artistas como a la población local. Una condición que no limita sino que amplía el espectro entre chefs, músicos, bailarines o escritores. Además, el equipo de la fundación combina la estancia de jóvenes autores con nombres consolidados. Una mezcla que enriquece el resultado y del que confluyen diálogos, proyectos e innumerables colaboraciones. El espacio se compone de un bungalow para cada residente, dos estudios de trabajo de grandes dimensiones y otros seis estudios abiertos que invitan al intercambio fluido entre artistas.
Hecha de hormigón y palmas secas, la inspiradora belleza de Casa Wabi fue edificada con los elementos tradicionales de la zona. El estilo directo, simple y sin pretensiones de Tadao Ando, que conquistó a Bosco, demuestra que las grandes obras se construyen con los materiales más sencillos. El juego con la luz y las sombras es, junto al jardín escultórico, un ejercicio de humildad estética.
La entrada a Casa Wabi se realiza a través en la palapa principal. En ella, las áreas comunes, la cocina, el salón, una sala de televisión y una de juegos, comparten techo junto a las estancias que Bosco y su familia habitan cuando visitan la fundación.
La galería, al otro lado del muro, recibe una exposición al año de los artistas contemporáneos más importantes. A través de ella, la casa mantiene contacto con creadores de todo el mundo a los que admira y cuyo imaginario muestra orgullosa a los habitantes de la zona. Un viaje al que también se une el programa de cine, cuyo ciclo itinerante lleva el séptimo arte a las localidades aledañas. La mirada de Casa Wabi también transita la cultura mexicana. Con el recién estrenado programa dedicado a las técnicas de barro, se busca preservar la tradición entre las nuevas generaciones y retomar el uso de piezas de cerámica y otros utensilios domésticos. El horno ocupará un espacio propio en un pabellón cuyo diseño está realizando el arquitecto portugués Alvaro Sisa.
El anhelo de Bosco Sodi por educar al pueblo a través del arte es una realidad en Casa Wabi. En poco más de un año, la fundación ha llevado a cabo una inmensa labor de la mano de unos sesenta artistas de todo el mundo. Residentes y habitantes trabajan juntos en un diálogo inagotable e impredecible, dando a la creatividad un significado absoluto. Los alrededores de Puerto Escondido contemplan la casa como un lugar en el que desarrollar nuevas ideas. Los jóvenes acuden a la fundación para proponer nuevos talleres y proyectos.
La huella que la fundación ha dejado en las comunidades, también ha marcado la vida del equipo de Casa Wabi. Repartido entre Puerto Escondido y México DF, la fundación es un oasis en el que han aprendido que hay cabida para otros enfoques y propósitos en el mundo del arte mas allá de la venta o la exposición. La fundación es ahora una pequeña gran familia que desde un pueblo de pescadores trabaja a ambos lados de un muro que en el lugar de separar, une arte y comunidad.
“En la pasión solamente puede sobrevivir uno”
HIGI VANDIS
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Entrevista a Higinia Garay, artista plástica del País Vasco.
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HIGI
VANDIS
Higinia Garay se define como una luchadora. Su principal adversario: ella misma. La convivencia entre lo femenino y lo masculino, la lucha entre la pasión y la razón, entre la ingenuidad y la cruda realidad. Esa batalla interior, librada por el amor, guía una personalísima obra. Quedamos en la librería-galería Garabat de Bilbao, donde pasa cada tarde tras el mostrador, muy cerca de la calle Bailén, que luce su mural “¿Quién teme al lobo feroz?”. Obra a obra, como si de sus ropajes se tratase, Garay desnuda su alma para Pikara.
A lo largo de tu obra se repiten figuras animales como los lobos o los zorros. ¿Cuándo aparecen por primera vez?
Empecé dibujando muchas chicas y pocos chicos. Para mí dibujar es como una descarga de sentimientos y de todo. Creo que por eso las protagonistas son siempre mujeres y se parecen a mí: muchas veces las chicas son yo. Tienen un rollo salvaje, dulce pero macarra. Hace dos o tres años, no sé por qué, empezaron a salir animales en mis dibujos. Ahora salen tanto que a veces sólo dibujo animales. Osos, zorros, cocodrilos. A menudo, los animales que dibujo representan a los chicos. De hecho, he soñado muchas veces con osos como visión masculina.
Hollywood interpretó al hombre lobo como alguien que es sensible a pesar de su ruda apariencia.
Los concibo como una fuerza muy bruta que te come. Una fuerza salvaje, muy sexual, que no controlas: te gusta pero la temes. Comencé a dibujar animales porque me parecía un paralelismo de la vida moderna y la vida salvaje. Cuando fuí a una selva me di cuenta de lo vulnerables que somos. En cualquier momento puede venir un tigre y comerte. O un elefante y aplastarte. Ahí me di cuenta que la vida moderna es como una jungla. En realidad no controlas nada. Expreso esa sensación de vulnerabilidad con dibujos que tienen algo de infantil pero a la vez de salvaje, que es como veo la vida.
Dijo Germaine de Staël: «La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo»
“El hombre lobo es mi ideal. Sería como mi otro yo. Masculino, pero no renuncia a la sensibilidad. Luchador. Es lo mismo que la mujer que dibujo, pero en hombre.”
La frase tiene mucho que ver con los dibujos que tengo ahora y con las relaciones que he tenido últimamente. Las dos últimas han sido muy esclavas de la pasión. Yo creo que sí se puede ser libre en el amor. Amar también es dar libertad. Desde luego tengo esa esperanza. Me siento con la capacidad de querer al otro con lo bueno y con lo malo. Eso es amar a alguien y darle libertad. Lo que pasa es que también hay que renunciar, en lo práctico, a ciertas autonomía. Mis últimos dibujos reflejan relaciones muy egoístas, desequilibradas y de pérdida total de libertad.
En una serie de dibujos vemos a Caperucita y al Lobo como compañeros. Sin embargo ella lleva pistola. ¿Pueden convivir?
Los de Caperucita hablan más del deseo que del amor. Se desean, pero son incompatibles porque antes o después uno se tiene que comer a otro. Solamente uno puede sobrevivir, y al mismo tiempo se anhelan. En la pasión sólo puede sobrevivir uno. Creo que el amor no funciona así.
¿Qué papel tiene la mujer en tus dibujos? Se encuentra en un estado de inocencia pero la verdad es que está rodeada de lobos.
Tengo 33 años y todavía sigo leyendo libros de adolescentes. Me siguen gustando y sigo conectando con ellos. Hay una inocencia que no quiero perder. Un ex amante me dijo que le gustaba de mí que nunca dejaba de jugar con la vida. Esto se atribuye a la niñez, pero yo creo que no es así. Es algo a lo que me aferro y por eso creo que aparece la inocencia. No te haces mayor y sabes todo. Los adultos están igual de perdidos que los niños, sólo que lo disimulan. Las chicas de los dibujos son una especie de heroínas. Tienen que luchar y batallar y defenderse en la vida. Y a la vez tienen deseos, porque son mujeres. Yo me siento así: soy una luchadora pero al mismo tiempo no quiero renunciar a la ingenuidad.
¿Hay alguna mujer recurrente en tu imaginario?
Mi abuela, como mujer luchadora y pa`lante. Pero los ídolos se me caen.
“Eres libre”, se lee en uno de tus dibujos ¿Intentas concienciar a las mujeres sobre su situación de desigualdad y la necesidad de luchar?
No es mi intención, y en el fondo sí es mi intención. No creo que vivamos en igualdad. Nosotras hemos evolucionado mucho más en la madurez o en la inteligencia emocional. Nos ha tocado vivir en una época en la que hay que pelear, aunque sólo sea en luchas diarias, porque no somos capaces de asumir el rol que tenían nuestras madres y sin embargo la sociedad tampoco ha absorbido esos cambios. Me encantaría que mis dibujos se miraran desde esa lectura feminista, pero no me gusta ponerme detrás de ninguna etiqueta. Yo creo que el feminismo debería estar en la vida de todas, y no que alguien haga de esa lucha su modo de vida.
¿Es ese hombre lobo, rudo pero sensible, el que necesitamos en el siglo XXI?
El hombre lobo es mi ideal. Sería como mi otro yo. Masculino, pero no renuncia a la sensibilidad. Luchador. Es lo mismo que la mujer que dibujo, pero en hombre.
¿Las pistolas van cargadas?
Las pistolas llevan balas de plata y ácido lisérgico pero nunca se disparan. Siempre apunto, pero al final, hasta pido perdón.
¿Qué influencia tienen otras disciplinas artísticas en tu obra?
“Las chicas de los dibujos son una especie de heroínas. Tienen que luchar y batallar y defenderse en la vida. Y a la vez tienen deseos, porque son mujeres. Yo me siento así: soy una luchadora pero al mismo tiempo no quiero renunciar a la ingenuidad.”
La música es fundamental porque siempre dibujo con música. Cada dibujo es una canción. Algunos son bromas que me hago a mí misma y que nadie entiende. Lo que escribo son frases de canciones. La última vez escribí una frase mía y después encontré una canción igual. Todas las disciplinas artísticas me interesan. Me gusta la moda y utilizar otros medios, pero son colaboraciones que se plantean como retos aislados.
En el mural de la calle Bailén, el propio lobo dice: “¿Quién teme al lobo feroz?” ¿Qué contestas?
Ese dibujo tiene mucha mala saña. Bailén es una zona conflictiva donde la gente se droga, y yo quería hacer algo que tuviera que ver con el barrio. Hay yonquis de toda la vida y también yonkis modernos. Quería proponer una vía de escape. Un paisaje súper bonito para un lugar tan deprimente. También tiene que ver con la visión de alguien drogado que, bajo el efecto de un colocón, de repente cree que todo es maravilloso. El lobo hace alusión a la canción de los tres cerditos. “¿Quién teme al lobo feroz?, no soy yo, no soy yo”. Pero al final viene el lobo y te come. Siempre piensas que a ti no te va a pasar, pero el lobo siempre esta acechando arriba.
¿Cuáles son las obras que destacarías?
Con La Caperucita introduje muchos elementos y al final tiene más significado del que yo pensaba. Tiger Lily y la mía con las flores. Pero el del zorro es mi super hit. Es muy sencillo, no tiene nada. Cuanto más simples más me gustan, aunque me cuesta mucho dibujar en sencillo. Es la cara del lobo relamiéndose y diciendo “I want your soul”. Te quiero a ti y quiero tu alma. Para mí eso es el amor. Resume lo que me está rondando la cabeza últimamente.